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Eva Ekvall
En armonía interior

Toronto , cotufas y tres leches, para una mujer que no combina lo interior , aunque eso no le quite el ser guapa, tener personalidad y mucho, mucho estilo. Eva Ekvall saltó a la palestra con tan sólo 17 años, al ganar el Miss Venezuela 2000 . Luego, casi fue Miss Universo . Hoy, esta interesante mujer —reconocida como una de nuestras beauty queens de mayor charm e inteligencia— comparte su tiempo entre sus estudios y su trabajo en Las Rothenmayer , de Televén

Mirtha Figueroa (mirefifi@net-uno.net) | Fotos: Daniel Alonso ( www.daniel-alonso.com )

Un DVD con un televisor, un buen libro, su perro Toronto , buena compañía y… comida rica, es lo que realmente Eva Ekvall necesita para sentirse bien. Claro que si le apetecen cotufas y el tres leches de La Alicantina —valga la cuña— esos antojos no pueden esperar. Todo eso lo descubrimos conversando con esta mujer que anda en cueros… ¡No sean mal pensados! Nos referimos a los zapatos, bolsos y cinturones, amén de que en nuestra portada… ¡ Eva también está en cueros!

Hija de padre americano (asesor político) y madre jamai-quina (diseñadora de modas e interiores). “Cuando era niña todo lo que usaba era hecho por ella. Nos combinaba a mi hermano y a mí. ¡De lo más ochen-toso! Pero ya no está diseñando”, Eva ha mezclado y fusionado lo mejor de ambas culturas, lo cual le permite vivir en una casi armonía interior. Decimos ‘casi' pues hay una regla que no cumple: nunca combina su ropa interior.

—Mamá siempre me ha regañado por eso. Soy poco de seda, en cambio, mucho de algodón.

Y ‘algodón' pasaba afuera, mientras hablá-bamos con Eva . Llovía… y mucho. El oír que ríos y quebradas en Vargas y la Gran Caracas, se desbordaban, imprimían nerviosismo a nuestro encuentro. “Cuando no queda otra que rezar, canto el mantra que me enseñó mi padre y he descubierto que me da una fe que nada en el mundo me puede proporcionar. El budismo para mí es cierto respeto y más una práctica que una religión”.

Nuestro diálogo se iniciaba con una…

CONVERSACION EXISTENCIAL

—Espiritualmente, ¿quién es Eva Ek-vall ?
—Te mentiría si supiera quién soy exacta-mente. Pero creo ser un alma que busca libertad y paz. No sigo una religión ni tengo un Dios específico, aunque creo en el Dios que esta dentro de mí. Tengo fe en Él y eso es algo esencial en mi vida.

Nacida por cesárea un 15 de marzo de 1983 en el Centro Mé-dico de San Bernardino , en Caracas, esta estudiante del cuarto semestre de Co-muni-cación Social en la Uni-versidad Santa María , tie-ne unos veinti-dós años fundamentosos. “Me como las uñas pensando, por ejemplo, cuándo me voy a comprar un apartamento”.

El hecho de preocuparle su futuro, tanto como el de su familia o el país, hace que “últimamente me haya vuelto mucho más reflexiva, incluso hasta con lo más pequeño. Me he puesto indecisa, algo que siempre me causó mucha impaciencia en torno a los demás. ¿Será que estoy envejeciendo?” (risas).

El país y Vargas se cuelan en nuestra conversación. Ellos hacen surgir interro-gantes sobre si las vidas se rigen por el destino o el libre albedrío.

—La vida tiene un sentido del humor muy cínico. Nos hace pensar que nos regimos por el libre albedrío, que tenemos control de ella, pero cuando le viene en gana voltea la tortilla y hace de nuestras decisiones trizas. ¿Cómo puede una tragedia de Vargas formar parte de una vida que se rige por el libre albedrío?

Su respuesta nos deja pensando. Nos impresiona su inteligencia y madurez. Razón tiene esta chica que recibe con agrado el afecto y la aprobación, aunque no sean sentimientos que busque en los demás. Esa, su seguridad personal, hace también que no atraiga la atención en base a provocar escándalos.

El budismo siempre formó parte de la vida de Eva. Una de sus costumbres la avergonzaba y hacía sentir mal. “Imagí-nate una familia atípica de por sí, por ser gringa. Con un padre que, todos los días durante una hora y en voz alta, cantaba el mantra del budismo. Recuerdo como eso me avergonzaba con mis amigas del colegio. Les inventaba cuentos porque era difícil explicarlo”.

—Vergüenza apar-te, eso fue lo único que mi familia me intentó inculcar en cuan-to a reli-gión. En momentos difí-ciles yo cantaba junto a mi papá y todo mejoraba.

—¿Qué tan vulne-ra-ble eres?
—Soy poco vulnerable en cosas que tal vez debería serlo y muy vulnerable ante otras que pueden parecer bobadas. Por ejemplo, defiendo mi priva-cidad y mi espacio a capa y espada. Yo decido quien entra y sale de él, si no es así, me siento invadida. Hace unos meses me robaron el reproductor de mi carro. No fue el robo lo que me afectó. Lo que me dolió horrores fue el hecho de que hayan entrado y revisado mi espacio... me sentí violada.

—¿Cuál crees que es el significado de la vida?
—Si la vida tuviese un significado en si, no encuentro la razón del por qué tantos niños inocentes mueren en las guerras. No tengo idea e intento no pensarlo mucho. “La vida no se puede tomar en serio, el trabajo sí”, como diría mi amigo Henrique Lazo . Aquí todos venimos a aprender y a ayudar a otros seres...

—Vivir, ¿es un arte?
—Todo lo que hacemos es un arte, ¡ma-nejar para mí es un arte! Enamorarse y enamorar, es un arte; tomar decisiones —últimamente, para mí— ¡es un gran arte!

ASÍ ES…

Aún no tiene claro si en materia profesional se orientará hacia lo corporativo o lo audio-visual. Lo único que sabe es que buscará enseñar, transmitir, ya sean temas relacionados con la estrategia, el marketing o la comunicación, cosa de colaborar con la formación de las generaciones futuras. Sin embargo, le encantaría llegar a los treinta y pico con el empleo de ama de casa. Tener estabilidad económica para así ocuparse de su familia. Eso sí, “sin el machismo habitual de ese tipo de relación. Los niños necesitan tener cerca a su madre”.

—Tu hombre ideal…
—Un caballero visionario a quien admire y me babee por él. No me interesa status social ni físico. Sí que tenga sentido del humor. Eso demuestra que es inteligente.

—Cualidad masculina que más admiras …
—Su estructura muscular, porque aparte de eso… no somos muy diferentes.

—¿La femenina?
—El instinto maternal.

—¿El campo a la ciudad?
—Depende. Si es París, la ciudad. Si es botada por San Antonio de los Altos, el campo. A veces, no se puede ser blanco y negro.

—¿Una característica tuya?
—Siempre estoy despeinada.

PRACTICIDAD Y COMODIDAD

Así define su estilo Eva Ekvall , para quien su mejor cosmético, es su crema hidratante. “Me pueden quitar hasta la pasta de dientes, pero soy mañosísima con la hidratación de mi piel”.

—¿Qué es lo más fastidioso que tienes que hacer en honor a la belleza física?
—Cuidar un poquito mis hábitos alimentarios... pero no me mato. Yo amo mucho la vida como para limitarme en las cosas que me gustan. Antes que ir al gimnasio, prefiero leer un libro.

Aunque la tendencia sea andar maquillada, Eva poco o nada lo hace, “a menos que amanezca malhumorada y me vea fea en el espejo”. Se lava el cabello un día sí, un día no. “No me gustan las peluquerías. Mi cabello lo cepillo cuando entro y salgo de la ducha”. Y en cuanto a las comidas…

—Como, pero no abuso de las pastas y el pan. Comidas rápidas sí realizo, pero única y exclusivamente cuando no me queda de otra o cuando estoy en un periodo de esos de autodestrucción cuando quiero comer como una loca.

—¿Qué te hace correr?
—Un pesado.... ¡los odio!

—¿Qué haces en pro de tu imagen?
—Estudiar. Una cara bonita no dura toda la vida.

QUÉ PIENSAS DE…

—La virginidad
—Es como preguntarme qué pienso de un cenicero.

—Los cachos
Heavy . Dolorosos errores que no le deseo a nadie.

—El dinero
—Rico para viajar, comer y para los caprichos. Yo necesito dinero para un carro, un techo y un poco de comodidad, lo demás es lujo.

—La pareja, los hijos, el matri-monio
—Tres cosas totalmente diferentes. Hay parejas homosexuales que no pueden casarse ni tener hijos, algo cruel. Hay mujeres que dejan embarazadas y solas, también muy cruel. Hay matrimonios arreglados. Me encantaría tener una pareja, luego casarme y después tener hijos.

—El juego
—Divertido, con moderación.

—¿Cuáles son tus proyectos, ilusiones y metas?
—¡Esa pregunta la detesto! Todo es tan incierto... Me gustaría graduarme, tener un programa de radio, aportarle a mi familia económicamente, enamorarme, casarme, tener hijos! En fin…

—¿Qué quieres brillante?
—¡El futuro!